De la Cuna al Paredón (XVII)

By on junio 28, 2018

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XVII

EL MÁRTIR

No queremos en este anecdotario puntualizar lo que la Historia condenará en sus páginas inexorables con respecto a la responsabilidad de quienes son los directamente comprometidos en la muerte del apóstol Felipe Carrillo Puerto, pues ello es obra de un libro que nos proponemos publicar, amplia y tendidamente, con informes de testigos presenciales y demás datos elocuentes que no dejarán ninguna duda. Solo aquí, en este trabajo, nos limitaremos sencillamente a decir que Felipe Carrillo fue víctima de la traición y del acecho de los enemigos de los trabajadores a quienes había defendido con tesón y virilidad, y que sólo esperaban una oportunidad como la de la infidencia delahuertista para dar el golpe mortal, considerando que con la muerte del gobernante de Yucatán moriría también el organismo político denominado Partido Socialista del Sureste.

Después de la traición que sufrió por parte de las fuerzas federales en la ciudad de Mérida, se vio en el preciso caso de dirigirse al interior del Estado para ver la manera de enfrentarse; pero, desgraciadamente, como los socialistas carecían de armas y no se les había avisado para aprestarse a la defensa del Jefe, porque nunca se supuso que quienes estaban llamados a defender con sus armas la integridad nacional usaran éstas para ir contra ella, así es como desde que llegó a Motul y se enteró de la situación de los socialistas y de que empujarlos a una aventurada defensa era llevarlos al sacrificio, optó mejor por irse al Cuyo, en donde se embarcaría con un grupo de sus hermanos y ayudantes rumbo a la Habana, para de allí pasar hasta los Estados Unidos, para luego internarse en el interior de la República y volver con fuerzas suficientes para el total escarmiento de los traidores.

Pero consideramos muy importante transcribir aquí íntegros algunos párrafos del libro “Bolchevismo y Democracia”, del capítulo denominado “Calvario y Muerte de Carrillo Puerto”, de la pluma del Coronel Bernardino Mena Brito, jefe que fue del partido liberal yucateco, que en la primera etapa del Partido Socialista luchó abiertamente en contra de él y en contra de Carrillo Puerto.

El coronel Mena Brito dice lo siguiente: “Esta etapa de la trágica odisea de Carrillo Puerto, prefiero transcribirla de las declaraciones que personalmente hizo al representante de “La Revista de Yucatán” en Tizimín pues hecha por mí, o por otra persona, podría tildarse de parcial o exagerada. Sus declaraciones a este respecto aparecieron en el precitado diario el día 23 de diciembre de 1923 y dicen así: “Ayer, a las tres de la tarde, después de sufrir engaño vil del encargado del Cuyo y de pasar penalidades sin cuento, tuvimos que recurrir a un barco que estaba frente a nuestro escondite, Río Turbio. Dicha barca distaba más de dos kilómetros de la playa, entre bajos y pantanos. Tuvimos que hacer balsas para poder alcanzar dicho barco, con el cual navegamos ayer, actuando de Marino Pedro Ruiz, hasta llegar a Holbox. No pudimos entrar debido a que encalló el barco. En esos momentos pasaban frente a nosotros, a gran distancia, fuerzas federales. Después de llamarlas muchas veces, y no pudiendo acercarse a nosotros, nos echamos al mar Benjamín y yo, Pedro Ruiz y Julián Ramírez, dirigiéndonos a Holbox caminando o nadando, hasta encontrarnos con los botes en que venían la fuerzas a quienes nos presentamos y entregamos. Benjamín, en un bote fue hasta nuestro barco para entregar cuatro rifles y algún parque que teníamos. Allí recogieron a Edesio y a Wilfrido Carrillo Puerto, a Fernando Mendoza, Mariano Barrientos y Rafael Urquía, que nos trató con toda amabilidad, lo mismo que su gente. El subteniente Leopoldo Mercado fue el que nos recogió en su bote, dejándonos en Holbox al cuidado de una escolta. En la propia tarde nos fuimos a Chiquilá, y de allí al Ingenio, en donde pasamos la noche hasta las dos de la mañana, hora en que salimos de esta villa en carreta y caballo a la cual llegamos a las ocho y quince minutos de la noche de hoy”. Sigue diciendo “La Revista de Yucatán”: “Efectivamente, a dicha hora hicieron su entrada don Felipe, el Capitán Cortés y sus soldados en caballos, y los demás presos en carretas, haciendo el mismo recorrido de ida y, según informe de personas presenciales, en la anexa Otzceh el mismo don Felipe Carrillo fue quien reconstruyó inmediatamente un carro desarmado, con mucha habilidad y enganchando personalmente las mulas. Todos los presos fueron internados en la cárcel pública de Tizimín, demostrando relativa tranquilidad, tratándosele por el Comandante Militar don Manuel Bates y por otras autoridades con todas consideraciones, ofreciéndoles una cena que les fue servida por don Alfredo Conde, permitiéndoles rasurarse y leer “La Revista de Yucatán”.

Todo el mundo sabe que, después de aquella odisea y hecho preso con sus compañeros, fue traído a Mérida e internado en la Penitenciaria “Juárez”, en donde fue alojado en una de las últimas celdas de la galera número dos, sujeto a miles de bajezas, escarnio y martirios, teniendo al frente de su calabozo un retén de soldados groseros y criminales que de día y de noche le insultaban y escupían, hasta el último momento en que fue sacado para ser conducido con sus compañeros al paredón del Cementerio General, en donde fueron ejecutados a las cuatro y media de la mañana.

El señor Coronel Mena Brito dice en su referido libro lo siguiente: “Por virtud de su caída, lógico es suponer que el Partido Liberal Yucateco entró a gobernar y que es el responsable de la muerte de Carrillo; pero no fue así pues, habiendo infiltrado en la conciencia de los liberales que nunca el Partido debía mancomunarse ni sancionar cuartelazos, se abstuvo completamente de tomar injerencia en los asuntos que se desarrollaron después de la derrota de Carrillo, llegando hasta adoptar la resolución de ni tan siquiera reorganizarse para entrar, como cuerpo colegiado, en la nueva integración de poderes, no obstante que algunos líderes tan significados como el Lic. Víctor J. Manzanilla emprendieron viaje desde la ciudad de Veracruz con objeto de llevar a cabo esta reorganización y aprovechar el momento para tomar parte en el gobierno. Por lo mismo, aun cuando algunos liberales se hayan adherido a aquella asonada militar, lo hicieron en lo personal y despojándose de la representación que dentro del Partido tenían.

“Los liberales no ejercieron presión alguna para perjudicarlo, ni tampoco se acercaron a él, con excepción hecha del licenciado Manzanilla que, a llamado del mismo Carrillo Puerto, se apersonó para tratar asuntos de su profesión relacionados con la libertad del detenido.”

El coronel Mena Brito por un temor fundado, según dice por aquellos que han amenazado a alguna persona que pueda aportar datos fidedignos sobre la muerte de Carrillo, no da los nombres de las personas responsables y que personalmente le relataron los hechos, así como el nombre de los actores que intervinieron en aquella tragedia. Dice el señor Mena Brito, y textualmente reproduzco lo que a mí se me dijo: “Yo acompañé a un abogado que privaba en aquellos momentos hasta la celda que ocupaba Felipe Carrillo en la Penitenciaría de Mérida; allí, Carrillo solicitó sus servicios profesionales para que gestionara su libertad, manifestándole que estaba dispuesto a dar cien mil pesos por ella, siempre que se le permitiera antes de conseguirlos. El abogado le contestó que transmitiría su proposición, pero que no daría ningún paso en ese sentido si no le garantizaba de antemano el pago de sus honorarios. Entonces Carrillo le dijo al licenciado que estaba dispuesto a cubrir los predichos honorarios con un giro contra un Banco norteamericano, habiéndolo extendido inmediatamente. Acto continuo el abogado, a quien acompañé, se dirigió al Palacio de Gobierno y se apalabró con el General Juan Ricárdez Broca, a quien delante de todas las personas que estaban presentes le repitió la proposición hecha por Carrillo, a lo que Ricárdez contestó que la aceptaba, siempre que le entregaran los dineros en el mismo momento de firmar la orden de libertad, agregando que los cien mil pesos eran únicamente por Carrillo pues, si los demás detenidos que lo acompañaban deseaban también salir de la cárcel, sería mediante la suma de diez mil pesos por cada uno de ellos. Entonces el licenciado a que me vengo refiriendo volvió a ver a Carrillo para comunicarle que su proposición era aceptada, pero en las condiciones que imponía Ricárdez Broca, habiendo obtenido por respuesta que, ya que de su palabra se dudaba, él estaba en el derecho también de dudar de la de los demás, y que en esa virtud entregaría la suma propuesta en los momentos en que fuera a pisar la escalinata del vapor, ya que hasta allí sería prisionero de ellos. De regreso el abogado que enderezó estas gestiones, este se negó a aceptarla diciendo que aceptaba solo que la cantidad de que se trataba le fuera entregada al trasponer Carrillo las puertas de la Penitenciaría, quedando ya en absoluta libertad para tomar el camino que más le conviniera. Habiendo aceptado esto Felipe Carrillo Puerto al volverse a apersonar con Ricárdez Broca, el abogado gestor se encontró con que aquél le dijo que ya había llegado tarde, pues se habían adelantado los señores que en ese momento se hallaban presentes y quienes le habían dado ya doble cantidad que la ofrecida por Carrillo porque lo fusilaran. Entonces mi amigo el abogado, mirando de hito en hito al grupo e interrogándolo con la mirada, oyó que uno de aquellos le dijo: “Sí, Señor: nosotros los hacendados “socialistas” que hemos reunido este dinero para suprimir a Carrillo le hacemos saber a usted, señor licenciado, que no va a burlar nuestras gestiones encaminadas a este fin, pues ya recibió el general Hermenegildo Rodríguez la cantidad de cincuenta mil pesos para que lleve a cabo la ejecución.” En estas condiciones el licenciado, mi camarada, al salir del Palacio de Gobierno, viéndose en el inminente peligro de perder la cantidad que por concepto de honorarios cobraba, me dijo que inmediatamente partía para los Estados Unidos a cobrar el giro que le había dado Carrillo, pues había trabajado con toda lealtad en el asunto, aun cuando no hubiera sido con buen éxito, y que necesitaba llegar antes de que la muerte de Carrillo Puerto se supiera, pues de otro modo no podría hacerlo ya efectivo, advirtiéndome que debía guardar completa reserva sobre esto y que, en cambio, me daría parte de la suma que iba a cobrar, cosa que nunca recibí, y en cambio no puedo volver a Yucatán debido a que aquellos hacendados saben que conozco cómo y porqué ejecutaron a Carrillo y temo que me manden a eliminar también. –Estas declaraciones, que cambian totalmente el aspecto de lo que hasta hoy se ha tenido por cierto acerca de la muerte de Felipe Carrillo, las he confirmado por conducto de diversas personas llegando a la conclusión de que son rigurosamente verídicas obrando, además, las circunstancias de que, posteriormente, dentro de estos hechos se menciona también al señor Gustavo Arce de quien se dice visitó a Carrillo en su reclusión; pero es sabido que este señor solo consiguió  del señor Adolfo de la Huerta que Carrillo fuese remitido al puerto de Veracruz, cosa que éste no aceptó, pues deseaba partir para los Estados Unidos y por este motivo fue por lo que utilizó los servicios del abogado a que antes me referí, y que trató el asunto con el general Ricárdez Broca en los términos que ya dejé asentados. Mucho se ha hablado de la responsabilidad de Gustavo Arce y Amado Cantón Meneses en la muerte de Felipe Carrillo y, habiendo hecho declaraciones en este sentido sobre el primero y sobre los hacendados, hasta el Presidente de la República, cabe interrogar: ¿habrán recibido honorarios los señores Arce y Cantón como defensores de Carrillo y, si los recibieron, habrán contribuido con el grupo de hacendados a que se consumara la ejecución?”… Esto corresponde aclararlo a los mismos señores Arce y Cantón Meneses, quienes probablemente posean la clave de tan enmarañado asunto…”

Prof. Edmundo Bolio O.

Continuará la próxima semana…

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