De la Cuna al Paredón (VI)

By on abril 12, 2018

Cuna_portada

VI

JUVENTUD DE SENSIBILIDAD Y APASIONAMIENTO POR LOS HUMILDES

Era aún joven Felipe Carrillo Puerto, cuando llegó a Motul una compañía de circo y variedades representada por un señor llamado don Francisco Quijano, más conocido en público, porque así era anunciado en los cartelones, por el nombre cariñoso de don Pancho Quijano.

Como artista de este circo figuraba una señorita joven y muy bella, hija del señor Quijano, la que en el elenco de la compañía hacía el papel de “contorsionista”, dificilísimo número del programa que desempeñaba sobre unas alfombras apropiadas en lo largo de la pista del circo, para ese objeto. Huelga decir que con su gracia y su juventud, y por la maestría con que ejecutaba sus distintas suertes, esta señorita tenía cautivada a la inmensa concurrencia que asistía noche a noche a la única diversión que en tal ocasión había en la ciudad de Motul.

En vista del brillante negocio que hacía la empresa de tal espectáculo, permaneció el circo en dicha población largo tiempo, dando sus funciones motivo por el cual tuvo oportunidad Felipe de tratar y hacer amistad con la bella contorsionista que en los cartelones, programas y demás anuncios era llamada cariñosamente por la “niña Elvira”.

En el transcurso del día, que era cuando los artistas de dicho circo se dedicaban a estudiar y a practicar sus difíciles actos de acrobacia y saltimbanquis, dejaban entrar en la carpa a Felipe para que presenciara dichos ensayos; y él, entonces muchacho dinámico al fin, empezó a hacer ciertas prácticas en la “barra”, pruebas que por la agilidad con la que las practicaba, indudablemente agradaron al padre de la niña Elvira y por esta razón tuvo siempre entrada franca a los ensayos.

Pero lo que el buen don Pancho no se figuró jamás era que Felipe cultivara relaciones amorosas con su graciosa hija, cosa que al parecer no le disgustó al descubrirlo pues, cuando se retiró de Motul con su compañía, invitó a Felipe a ir con ella, pero entonces como componente de la misma farándula.

Dirigióse el circo a Tixkokob y, como consecuencia, se fue Felipe siguiendo a su novia, pero sin el respectivo permiso y autorización de sus padres por lo que, sabedores éstos de la determinación de su hijo y de que juntamente con la compañía cirquera se había establecido en Tixkokob –lugar situado a doce kilómetros de Motul–, pidieron violentamente la intervención de las autoridades motuleñas para que pudieran ir a buscarlo en donde se encontraba.

El Jefe Político de Motul entregó a los padres de Felipe un oficio para las autoridades de Tixkokob, comunicándoles que la compañía de circo del señor Quijano, recientemente establecido en aquella población, se había llevado a un menor de edad sin el consentimiento de sus padres cuyo nombre era el de Felipe Carrillo Puerto, suplicándoles al mismo tiempo que fuera entregado dicho menor a los portadores del oficio.

Fue entonces cuando don Justiniano Carrillo dispuso que su esposa doña Adela Puerto, acompañada de otro de sus hijos, fuera a desempeñar aquella comisión. ¡Y cuál no sería la sorpresa de la señora Adela cuando, al entrar su bolán (vehículo de dos ruedas tirado por tres mulas que se usaba antiguamente en Yucatán para hacer viajes a través del Estado) a las goteras de Tixkokob, leyó en los cartelones del circo el anuncio de la primera función que como principal y grande atractivo se recalcaba el debut del nuevo barrista “el joven motuleño Felipe Carrillo Puerto!”

Con más precipitación entonces, presentóse doña Adela Puerto a la primera autoridad de Tixkokob, entregándole el oficio de la de Motul e inmediatamente se ordenó a un agente de la policía fuera a buscar a Felipe quien, sin pérdida de tiempo fue traído a presencia de su señora madre, a quien se deshizo en súplicas, le dio toda clase de satisfacciones, pidiéndole perdón por haber abandonado a sus queridos padres sin decirles nada y explicándole que su falta la había cometido impulsado no solamente por el ardiente amor que profesaba a la bella y joven artista, por quien ya sentía hondísimos afectos, los que eran ampliamente correspondidos por parte de ella, sino que más bien para suplirla en sus números de contorsiones porque verdaderamente le apenaba ver que aquella infeliz criatura, digna de mejor suerte, se le explotara de tal manera ante el público que pagaba por aplaudirla; pero ya que ellos, sus padres no estaban conformes con que él la siguiera gustosamente, volvía al hogar paterno.

Entregado ya Felipe por las autoridades de Tixkokob, fue llevado nuevamente a Motul por su señora madre y allí lo esperaban su padre, que lo amonestó seriamente, mientras un numeroso grupo de sus compañeros de estudio lo felicitaron por su retorno.

En la intimidad de sus amigos, manifestó a éstos que lo que lo impulsó al seguir al circo en su peregrinación no fue tan solo por las vivas simpatías que sentía hacia la niña Elvira, sino también, y muy principalmente, para ver si con su amor la arrancaba del duro trabajo que ejecutaba en la pista.

Ya se ve, pues, dentro de las palpitaciones de su juventud, engarzando el amor con los sufrimientos ajenos, quería redimir de esta manera a una infeliz y bella criatura que ofrendaba sus penalidades ante un público ahíto de emociones y curiosidades.

Prof. Edmundo Bolio O.

Continuará la próxima

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>