¿Crisis Institucional??

By on octubre 26, 2017

Editorial

Trouble ahead concept, Businessman with umbrella standing in the

Cuando las fuerzas políticas de un país, coaligadas cual debería ser para mantener el equilibrio institucional, entran en conflictos internos por diferencias de opinión, criterios o expresiones que algún grupo considera fuera de lugar o contexto, surgen y quedan a la vista del ciudadano y del observador, así sea alejado de los acontecimientos, serias preocupaciones existenciales, debido a que se pregunta y cuestiona sobre la clase de país en el que habita, el buen uso dado a su voto “democrático”, y los perjuicios que tal falta de consistencia institucional, que observa y le preocupa justificadamente, traerán para la sociedad mexicana.

Pudiera decirse que la democracia es así: plural, divergente, un pacto entre grupos diversos, cada uno con diferentes ideologías, maneras de pensar y actuar, y que comparten responsabilidades y soluciones.

Mas no ocurre así, porque una verdadera democracia entraña una mentalidad de consenso en cuanto a problemas comunes y valores compartidos, que es un caso muy distinto a lo que sucede en este país nuestro, en el que ya se ha descendido tan bajo, políticamente hablando, que el anhelo supremo de vivir y convivir en una democracia participativa es letra muerta y texto obsoleto.

El principio democrático de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pasa a un último lugar cuando los intereses, muchos de ellos inconfesables de los grupos facciosos, comienzan a prevalecer y competir por el ansia de dominio pleno de todo el aparato del Estado, la economía y la sociedad, para satisfacer fines y apetitos político y financiero de un grupo de malhechores que operan bajo la cobertura de pieles de oveja ciudadanas, pero por debajo de ellas se perciben las patas de lobos hambrientos de mayores prebendas y recursos malhabidos.

El ciudadano común observa, entiende que nada puede hacer ante las maniobras de tales lobos encubiertos y opta, en veces, por sumarse al más fuerte, aunque por lo general se inclina por la pasividad –“dejar hacer, dejar pasar” – de tiempos y experiencias vividas por la humanidad en otras latitudes, durante anteriores periodos históricos.

Hay el ejemplo de muchos que buscan sacar “provecho”; otros operan con chantajes al sistema; y los más se inclinan por dejarse “convencer” y recibir regalitos o apoyos que, como migajas o limosna, se dejan caer entre las clases humildes y desposeídas.

El sistema está ahora en conflicto y los votantes potenciales esperan: unos para obtener beneficios económicos de las campañas, otros soñando románticamente con que, ahora sí, en los próximos comicios triunfen la democracia y la justicia social.

La respuesta a las ansias de unos y plegarias de otros vuela por ahora sobre el castigado territorio mexicano.

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