Cazadores de Arcas Culturales

By on enero 4, 2018

Editorial

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Ante este 2018 que apenas comienza, muchas personas de buenas intenciones, de afanes positivos y soñadoras de un mundo cultural pleno de realizaciones en favor de esa Cultura que se debe escribir con letra mayúscula, unifican sus deseos y propósitos para soñar con ideales que, a nuestro juicio, todavía quedarán muy lejanos de alcanzarse. Vamos, como a una galaxia de distancia.

Y es que 2018, a quererlo o no, es un año marcado por el signo político, y su contenido estará pleno de aventureras promesas, ofrecimientos, discursos, y toda la parafernalia diseñada para engañar o manipular conciencias en favor de un voto que debería representar la voluntad ciudadana pero que, de acuerdo con experiencias sexenales anteriores, solo será testimonio, una vez más, de la capacidad de un sistema político para perpetuarse en el poder, con todas las consecuencias de mediocridad, saqueo de recursos públicos y conservación de privilegios de unos cuantos.

Esa Cultura que debiera escribir su nombre con letra mayúscula seguirá allá en los planos estelares, y una mala copia de ella se pondrá en circulación, pregonándola como la que dará luz a todo un siglo de realizaciones.

Y no podrá ser de otra manera en tanto se mantengan los bajos niveles de conocimiento sobre nuestras raíces culturales, y los presupuestos y programas se manejen y operen, más que para cimentarlas, para hacer florecer los depósitos bancarios y las chequeras de nuestros manipuladores de fondos y espacios culturales, ávidos de engullir los apetitosos bocados puestos “a su cuidado”.

Centenares de millones de pesos son un bocado apetitoso para los modernos cazadores de arcas públicas que, por lo general, no califican, están ayunos de consistencia y perfiles culturales, sin currículums de estudios apropiados y títulos que avalen su capacidad, preparación, estudio, conocimiento y dominio de las áreas culturales cuyos presupuestos han operado con liberalidad, de acuerdo con sus inclinaciones, sus intereses y afanes de lucimiento.

Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, dijo en un simpático comentario un mexicano. Mas vivir sin manejar los presupuestos, y no encaminarlos para estimular y enaltecer a los amigos e intereses propios sería un doble error para los dos o tres personajes que así operan en este Yucatán, digno de mejor suerte desde hace muchos ayeres.

El manipuleo de los presupuestos de cultura seguirá dando mucho de qué hablar durante los años por venir. Por treinta o algo más de años ha sido así en Yucatán, y no se visualiza ningún cambio en lontananza.

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