Caminando por las Calles (VI)

By on agosto 16, 2018

Caminando por las Calles

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VI

UN PASEO POR EL PRADO HABANERO

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

He caminado muchas calles de la Antilla Mayor, pero La Habana es especial en mis recuerdos. Fue mi puerto de entrada a Cuba en 1951, cuando pisé suelo antillano, y mi primer viaje internacional de mi juventud, el cual narré en mi columna “Atisbando Cuba”. Estar frente al Morro y “Los Doce Apóstoles”, y mirar a la derecha, es ver la majestuosidad del Paseo del Prado, una de las arterias más hermosas, recorriendo desde el malecón habanero hasta el Capitolio, emblemático de una época de bonanza económica y buen trazo urbanístico de la capital cubana.

Mi referencia fotográfica va desde el siglo XIX hasta el XXI. Recorrí la arteria en mi último viaje a La Habana, acompañado por dos grandes amigos: Carlos Rosel Isaac, empresario y mejor cocinero de pulpo en su tinta, y José Jesús Angulo “Pepe Chucho”, como se le conoce, excelente pianista de todo género musical. Sintetizaré…

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Era domingo y salimos de El Vedado para el malecón, hasta la Iglesia de Paula. Visitamos ese museo hermoso y escuchamos una audición de piano. De ahí, a tomar una caña de cerveza artesanal en una plaza cercana, con botana de chicharritas de plátano, y admirar la ciudad desde su torre que hace un escaneo fotográfico por los barrios de La Habana, comprar unos perfumes en Suchel, y entonces a la Catedral, para caminar hasta la Bodeguita del Medio, donde tomamos unos cuantos mojitos y cantamos con el trío que amenizaba.

Andamos por toda la calle de Obispo y comimos en un paladar de cocina antillana por 10 CUC –moneda convertible para turista equivalente en dólares– mojito, o cerveza, seis camarones a la plancha, arroz congrí, ensalada y una cola de langosta; siempre es una parada obligada este lugar con un sexteto musical, café y caballeros pobres. Después de este amplio yantar, continuamos nuestra caminata al Paseo del Prado a partir del Gran teatro de la Habana “Federico García Lorca” que hoy, en honor a la maestra bailarina, se llama “Alicia Alonso.

Junto al Edificio Telégrafos, ahora Restaurante Gourmet, tomamos café y ron mientras disfrutábamos de la arquitectura de los Siglos XIX y XX que le dan la hermosura a esta amplio Paseo del Prado. Aquí está enclavada la Embajada de España en Cuba, que ha dado a los descendientes de españoles la doble ciudadanía para poder viajar a la Península Ibérica.

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Nos levantamos y nuestro ambular nos llevó a la tradicional esquina de Prado y Neptuno, que hizo popular Ernesto Jorrín con su chachachá “La Engañadora”. Paseamos dos edificios monumentales en la misma esquina: uno alberga la Escuela de Esgrima, y en la segunda planta está la escuela femenil de Gimnasia Artística –mal llamada Olímpica- y donde trabajé por un mes con niñas en viga de equilibrio, fortaleza para barras asimétricas y algunos conceptos coreográficos para elementos de piso. Luego pasamos a su magnífico restaurante, donde nos invitaron a quedarnos, pero al ver sus precios para alto turismo ofrecimos regresar en otra ocasión.

Cruzamos la calle y estaba cerrado el local de la federación de Artes Marciales de Cuba, donde Ricardo Lavadores Franco y el que escribe firmamos un convenio con Dimas Juantorena, en ese momento su Presidente, para capacitar a cinco cintas Negras de Karate Do en la práctica del Tae Kwon Do, que ya era una disciplina aceptada para Centroamericanos, Panamericanos y Olimpiadas como elemento olímpico competitivo.

Otro de los motivos para que caminar por Prado quedara entre mis recuerdos gratos proviene de mis pláticas con el poeta Carlos Duarte Moreno; me conversaba que, junto con José “Pepe” Domínguez, se juntaban en Prado, en los corredores del Hotel Inglaterra, y pasaban momentos tocando la guitarra y declamando versos que recordaban sus momentos bohemios en Mérida. En el comedor del Hotel Inglaterra mantuve amistad con su pianista, una elegante negra, y en años posteriores me reunía con la hija de Miguel Matamoros, que era vecina en Paseo y en esos momentos dirigía a un septeto llamado “Seve y sus Matamoros”, destacando como una buena compositora. Por eso siento que caminar ese boulevard de Paseo siempre me llenará de recuerdos como para escribir una novela corta.

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Seguimos Carlos, Pepe Chucho y yo nuestro andar por su amplio camellón hasta llegar a la Casa de los Matrimonios, donde una joven nos acompañó a conocerlo y cada uno de sus salones de decoración diferente, pero clásica y de muy buen gusto, dándonos explicaciones de arquitectura e historia de la Casa y su evolución. Allí se registran los matrimonios civiles, y los domingos dan conciertos. Nos quedamos para disfrutar de diestras manos al piano, con la Cultura al alcance de todos. El arte es parte de la genética caribeña, africana y europea, combinada para entregarnos lo mejor de su amalgama musical.

El Paseo del Prado en La Habana es mucho más que un sendero citadino, es uno de los bulevares más representativos del entramado urbano de todos los tiempos y testigo directo de la historia. Cercano a la frontera entre las demarcaciones de Centro Habana y La Habana Vieja, posee una rambla central por donde caminan a diario miles de transeúntes; niñas, niños y adolescentes montan patines, corren y saltan la cuerda; los enamorados se dan cita; ancianos se sientan a conversar, leer el periódico o distraerse con juegos de mesa a la sombra de los laureles; grupos de turistas curiosos miran hacia todas partes; artistas y artesanos exponen y venden sus creaciones.

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Mientras tanto, lado a lado, la vida pasa. Y es que cuando andamos por el Prado de La Habana el tiempo parece detenerse, el aire es más fresco y desaparecen las preocupaciones. La construcción de esta popular avenida data de 1772, gracias a la iniciativa del Marqués de la Torre, por entonces Capitán General de la Isla. Se dice que fue inspirado en el paseo homónimo de la capital española, por eso no te sorprendas si conoce Madrid y al llegar a La Habana por vez primera uno se encuentra con un Paseo del Prado.

En sus inicios, se llamó indistintamente Nuevo Prado y Alameda de Extramuros. Por entonces era una explanada de tierra con árboles frondosos y bancos dispuestos a ambos lados de la vía por donde transitaban carruajes y peatones en busca de las bondades climáticas de los atardeceres, mientras que bandas de concierto al aire libre amenizaban el trayecto. Con los años, la alameda se modernizó con fuentes, esculturas, luz eléctrica y pavimento, sin renunciar a su estructura original y su objetivo de ser el sitio preferido para la distracción de la sociedad capitalina. A tono con la evolución de la ciudad, fue rebautizado como Paseo de Isabel II, Paseo del Conde de Casa Moré Paseo de Martí, denominación oficial desde su remodelación en 1928, aunque los habaneros siguen llamándole Prado y los que lo visitamos también.

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Lo cierto es que desde hace más de dos siglos forma parte de la identidad habanera. Por eso no existe un habitante o visitante que camine por alguno de sus cuatro tramos y no disfrute del olor a arquitectura colonial con aires de modernidad.

A continuación, realizaremos un recorrido imaginario en sentido contrario a la lógica que impusieron sus diseñadores, tal como lo hemos hecho nosotros en innumerables ocasiones.

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Partimos del Parque de la Fraternidad Americana, diseñado en 1920 por el arquitecto francés Jean-Claude Nicolás Forestier en el antiguo Campo de Marte. Aunque su nombre se pronuncia en singular, este alegórico sitio está conformado por un conjunto de plazas de diversos tamaños, con asientos dispuestos a la sombra de frondosos árboles. Un ícono de la concordia entre todos los países del continente es la Ceiba situada en el centro de la plaza principal, un árbol simbólico en el sureste de México, Yaxche en la cultura Maya; en la parte norte se conoce como Parota, con los Yaquis; o Tamoanchán en el bajío mexicano; Iroko con los Yorubas de Cuba, como para unificar nuestros orígenes genéticos y culturales. A ese Ceibo lo rodea la neoclásica Fuente de la India o de la Noble Habana. Un poco más allá, el edificio que acoge a la Asociación Yoruba de Cuba, una entidad que preserva el legado de la religión africana en la cultura de ese país. Al lado se alza el elegante y ecléctico Hotel Saratoga, uno de los más preciados de La Habana.

Continuará

Bibliografía y Fotos

https://onlinetours.es/blog/post/1087/un-paseo-por-el-prado-habanero

Archivo AHGA.

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