¿Bienestar? ¿Para quién?

By on noviembre 3, 2017

Editorial

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Los políticos mexicanos y los grandes empresarios de nuestro país han sido, al parecer, cortados con la misma tijera.

Y decimos esto porque ahora, y en el pasado reciente incluyendo al no tan reciente, sus actitudes no cambian, no varían en tanto sus castillos de pureza o sus palacios estén alejados, bastante alejados, de la realidad de los gobernados o del pueblo trabajador.

Ellos se sienten distintos, aunque por lo común se siguen percibiendo como los redentores bondadosos de las masas oprimidas, los protectores y salvaguardas de los derechos populares.

Unos y otros viven alejados de la realidad, de las varias realidades en las que sobrevive –porque esa es la palabra adecuada– el pueblo mexicano.

La falta de visión de los políticos los orilla a usar el truco del cambio de espejitos y las piedritas de colores por los votos “Democráticos” que les sirven de escaleras para ascender al poder y, con ellas, “a su bienestar.

Los empresarios no necesitan los votos, sino la fuerza de trabajo de los humildes, y para ese fin declaran que otorgan salarios dignos y prestaciones adecuadas (espejitos contemporáneos) a cualquier trabajador.

En este sentido, nada ha cambiado en la historia. La explotación es la única herencia trasmisible entre los mexicanos humildes. Para decirlo de otra forma: los humildes solo heredan a sus descendientes la miseria, el hambre y la explotación.

En México, así ha transcurrido la historia a partir de la llamada Conquista, origen de la multiplicación del dolor y las lágrimas de los desposeídos. Persecuciones, latigazos, esclavitud y muerte, explotación, en la época virreinal. Intento libertario en la época independiente, y vuelta a la explotación y despojo de las tierras a los posesionarios originales.

Vino la Revolución, con el alzamiento de los humildes y la transitoria prevalencia de la justicia, que quedó registrada en una nueva Constitución. Y luego, en un tránsito continuo de asesinatos de líderes y marchas, tras el reparto agrario y el control de la fuerza de trabajo en sindicatos vendidos, ha venido una nueva era de explotación a la masa trabajadora con salarios bajos y explotación de la mano de obra, que se unen al despojo de tierras y cambio en la vocación de los suelos, cuando los antiguos ejidatarios han sido sustituidos ahora por millonarios urbanos.

El sistema vigente no tiene respuestas adecuadas a una situación alarmante que crece exponencialmente cuando continúan disparándose los índices de natalidad.

La irritación social es auténtica, se vive una situación crítica inminente. No hay respuestas para una población creciente, demandante de vivienda, alimentación, servicios de salud, transporte, empleos, acceso a la educación, etc.

Y si a todo ello se agrega la rapiña y la corrupción, a los que se suma la impunidad, la conclusión es que, como las fuerzas de la naturaleza, las humanas pueden causar un terremoto social, un sismo de magnitud mayor.

¿Qué hacen las dirigencias empresariales y políticas en estos momentos?

Los primeros declaran que aumentarán el salario mínimo porque ahora sí, con $94 pesos diarios, alcanzará para que las familias tengan para todas sus necesidades.

Los otros, los políticos, en medio de un mar de publicidad y fotografías de pose, declaran que ya tenemos “bienestar” entre nuestras familias. Y lo siguen aumentando según ellos.

¿Se olvidan del crecimiento poblacional y los millones de cabezas de familia en actual desempleo?

¿Se avecina un cataclismo?

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