Bajo la Arena, de Martin Zandvliet

By on junio 8, 2017

Cine

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Bajo la Arena, de Martin Zandvliet

Películas bajo el tema de la Segunda Guerra Mundial, con perspectivas y directores de diferentes nacionalidades, hay muchas, y he visto muchas; pero no recuerdo una sola con el impacto que me ha causado Bajo la Arena, escrita y dirigida por el danés Martin Zandvliet: su manera de contar esta historia basada en hechos reales ocurridos en Dinamarca, nos hace ver con cuánta rapidez los “buenos” se pueden convertir en “malos”, y cómo los prejuicios muchas veces superan los valores de un ser humano.

Los nazis pensaban que la invasión aliada a Europa llegaría por las costas de Dinamarca, país que comparte frontera con ellos al Norte – finalmente fue por Normandía, Francia, en el famoso “Día D” –, y por esta razón se ocuparon de sembrar más dos millones de diferentes tipos de minas a lo largo de sus playas. Al finalizar la guerra, al menos dos mil prisioneros de guerra alemanes fueron forzados a trabajar en la localización y desmantelamiento de esas minas; más de la mitad de ellos murió, o fue severamente herido, durante el proceso.

Bajo la Arena nos cuenta la historia de una cuadrilla de desmantelamiento compuesta por catorce jóvenes – niños, en realidad, de alrededor de 14 años – de las juventudes hitlerianas, a la cual se le ha asignado como tarea desmantelar más de 45 mil minas en un pedazo de playa. Cuando terminen, les será concedida la libertad y podrán regresar a su país, o al menos eso es lo que les promete el sargento Carl Rasmussen (Roland Møller), un militar que odia a los alemanes a ultranza y que ciertamente no tiene una pizca de consideraciones con su joven escuadrón, hasta que…

El director Martin Zandvliet y dos de sus actores sobresalientes en "Bajo la Arena": los hermanos Emir y Oskar Belton.

El director Martin Zandvliet y dos de sus actores sobresalientes en “Bajo la Arena”: los hermanos Emir y Oskar Belton.

Zandvliet nos lleva la mano hábilmente a lo largo del filme: las explicaciones del inicio nos brindan el contexto bajo el cual se desarrolla la historia, y las primeras escenas de la película nos dejan bien claro qué tipo de persona es el sargento Carl. La labor de los muchachos no es nada sencilla: cualquier error puede pagarse con la vida y, además, deben desarmar un mínimo de 6 minas por hora. “¿Alimentación? Nadie en la base se va a preocupar porque unos alemanes no tengan nada qué comer,” le contesta a quien asume el liderazgo del escuadrón, el joven Sebastian (Luis Hoffman).

Como indiqué al inicio, es fácil entender que los daneses vieran a los alemanes de la película – aunque tan solo fueran unos niños – como la representación del mal al que estuvieron sometidos durante el gobierno de Hitler; eso explica, hasta cierto punto, la animadversión que tanto soldados como pobladores sienten por ellos. Sin embargo, el director Zandvliet nos muestra, a través de sus conversaciones, que estos niños no eran los asesinos despiadados a los que se enfrentaron muchos de los daneses, que eran seres humanos, hijos de alguien, que sabían el rol que les tocaba asumir como perdedores en la guerra, y que también eran capaces de actos de valor, heroísmo y hermandad, valores muy altos en nuestra escala de humanidad.

De pronto, a pesar de que sabemos de las barbaridades del régimen hitleriano, las acciones en venganza que se emprenden contra este grupo de muchachitos nos enseñan cómo los “buenos, humillados pero vencedores” daneses, y también algunos norteamericanos que convivían en la base militar danesa, no eran tan buenos. Nos encontramos, de repente, compadeciendo a los jóvenes alemanes.

Conforme se desarrolla el filme, observamos la mecánica en el comportamiento del grupo de alemanes, su solidaridad, sus pesares, cómo se conduelen ante los accidentes y penurias que deben enfrentar, ante sus pérdidas, y se nos estruja cada vez más el corazón cuando los vemos partir repetidamente hacia su trabajo: desmantelar minas capaces de matarlos si se distraen, si no hacen un buen trabajo.

Roland Møller, en su papel del sargento Carl Rasmussen, instruye a su escuadrón de jóvenes alemanes sobre sus deberes, y les hace una promesa: cuando terminen, podrán irse a su casa.

Roland Møller, en su papel del sargento Carl Rasmussen, instruye a su escuadrón de jóvenes alemanes sobre sus deberes, y les hace una promesa: cuando terminen, podrán irse a su casa.

Los dos giros finales de la película eran hasta cierto punto de esperarse, una vez más reflejando lo peor y lo mejor de los seres humanos, dejándonos muy satisfechos y ayudándonos a comprender por qué Bajo la Arena estuvo nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, galardón que no ganó, pero ganó otros distintivos, entre ellos el de Selección Oficial en Sundance.

Mención especial debe hacerse de las actuaciones del mencionado Roland Møller, de Mikel Boe Følsgaard (que en su rol del capitán Ebbe lo hace de manera magnífica) y de Joel Basman, quien interpreta a Helmut, porque es en ellos en quienes descansa el peso dramático del filme, sin descontar por un segundo la atmósfera de tensión que Zandvliet nos comunica muy eficazmente cada vez que visitamos esa aparentemente inofensiva playa y vemos desarmar minas a los muchachos.

Bajo la Arena es una película reflexiva, un retrato de la naturaleza humana ante los desastres, un guiño a la traición, un homenaje a la esperanza, un reencuentro con lo que vive en cada uno de nosotros…

No se la puede perder.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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