¿Apoyo o Limosna?

By on octubre 5, 2017

Editorial

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¿Apoyo o Limosna?

Con el obligado recuerdo cotidiano del terremoto macro de septiembre, y las asombradas miradas recorriendo los derruidos edificios de la Ciudad de México, muchos de ellos sepultura de hombres, mujeres y familias enteras como consecuencia del fenómeno, los habitantes de la CDMX, de Puebla, Oaxaca, Veracruz, Chiapas, han dado comienzo al acopio de los recursos para sustentar el proyecto de restauración de edificios y viviendas en las zonas siniestradas.

Aun en estos momentos prevalecen las declaraciones políticas por encima de las decisiones urgentes que la población reclama. Sonrisas en los funcionarios no convencen a los demandantes de apoyos, ni por los procesos, ni por las etiquetas para cada entrega que se les entregarán en parcialidades.

Al parecer, son respaldos surgidos en mesas de trabajo gubernamentales, sin analizarse con detalle los requerimientos de cada tipo de damnificado, su espacio familiar de vida y la dura supervivencia en el mediano plazo, sin empleos y contactos directos para obtener ayudas, respaldos y donativos de recursos complementarios.

Las autoridades no asumen la responsabilidad de realizar directamente las tareas de reconstrucción, sino que han optado por “valorar” los daños para otorgar, vía bancaria, apoyos con tarjetas de crédito de $15,000, por daños ligeros, hasta $120,000 como apoyo máximo en todos los casos.

Algunas preguntas serían: ¿Cómo se fijaron estas cantidades? ¿Sobre qué bases y apreciaciones? ¿Quién hizo los estudios de costos de reconstrucción aprobados? A simple vista se percibe que la cantidad de $120,000 es insuficiente ante las pérdidas de vivienda, bienes muebles y, más que todo, la vida, salud y fuentes de ingresos de los habitantes a quienes se da este trato que se considera inapropiado e insuficiente.

No se ha publicado si la Casa Blanca, famosa propiedad de nuestra primera familia política, la presidencial, sufrió daños. De ser así, aventuramos que aun el máximo de los recursos autorizados de $120,000 apenas serviría para los gastos normales de un mes de sus consumos habituales de energía eléctrica, cuidado de jardines y piscinas, personal de vigilancia, agua, etc.

Al iniciarse las tareas de reconstrucción, puede decirse que hubo apresuramiento, ligereza, en esta primera decisión, o quizá la valoración de los costos se ha hecho sobre bases referentes de hace 50 años.

Lo que bien pudo convertirse en un respaldo oficial, firme y justo ante la magnitud de los problemas de vivienda, se torna en una ayuda menor controlada a través del sistema bancario, que seguramente se agradecerá, pero no resolverá a plenitud los problemas de construcción de vivienda y adquisición del menaje de casa para todos los afectados por el macrosismo de septiembre anterior.

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