Amaneceres, sombras y derrumbes en crónicas de Héctor de Mauleón

By on agosto 10, 2017

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Amaneceres, sombras y derrumbes en crónicas de Héctor de Mauleón

Las crónicas que conforman el libro El derrumbe de los ídolos fueron publicadas, algunas, en distintos momentos en la revista Nexos, si no es que todas. He encontrado algunas en la red y, en el mejor de los casos, han sido agrupadas en este libro publicado por Cal y Arena, que es la casa editorial de la revista.

Dice de Mauleón que “la crónica, ordena, sintetiza y aprehende el tiempo”. Estos trabajos son pruebas fehacientes y dan cuenta de ello: parece que el autor desplegó una gran capacidad y organización de trabajo, tanto si él como investigador se encargó personalmente de hacer las investigaciones rastreando las notas, o si hubo un equipo de personas que le apoyaron.

Lo anterior queda de manifiesto porque en este libro un hecho es visto, revisado y contrastado desde distintos ángulos por los diversos medios de aquellos tiempos, y todavía aún más por las múltiples ópticas y bagajes culturales de reporteros y cronistas que dieron puntual seguimiento a los sucesos relatados.

Porque, situémonos históricamente y observemos la vida de las noticias: usualmente al paso de los días, semanas y meses –actualmente horas– van perdiendo importancia y otras nuevas, frescas, ocupan las primeras planas, hasta que se pierden en los esquemas de notas intrascendentes y anuncios de todo tipo. Los casos que nos ocupan son seguidos y buscados a través de ediciones y medios, con amplitud de meses y años. Ese es uno de los muchos valores de estas crónicas.

Hacer el inventario de esos medios sería interminable. Citamos como referencia los más destacados: El Nacional, El Imparcial, El Monitor Republicano. La nómina de reporteros y cronistas es abundante, tanto los conocidos como los anónimos; entre los primeros citamos a Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, Ángel del Campo, Arturo Sotomayor. Muchos de estos personajes fueron, con el tiempo, las mejores plumas de la cultura nacional.

Hay diversidad de notas, pero creemos que citar algunas nos puede dar idea de lo sabroso y entretenido que es este libro.

La derrota de las sombras hace referencia a la introducción y la intromisión de la energía eléctrica y el alumbrado público en la vida de los capitalinos –hoy en día la luz, su costo y la CFE están hasta en nuestras pesadillas–. Las familias cuestionaban este servicio, ya que pensaban facilitaría el trabajo de los amigos de lo ajeno. Otros cronistas se preguntaban qué cosa que valiera la pena se podía hacer a la luz de una bombilla, los postes agregaban una nueva imagen a la ciudad, los pájaros posados en los cables del tendido eléctrico, la electricidad había hecho olvidar una cosa formidable: la existencia de la noche.

El autor y su obra.

El autor y su obra.

El cronista nos describe toda una serie de datos importantes que modificaron la vida de los capitalinos. De Mauleón da un salto hasta doscientos años atrás para hacer de nuestro conocimiento las opiniones de las autoridades virreinales que consideraban la ciudad de México como una de las ciudades más peligrosas de la Nueva España.

Desde la Ciudad de México-Tenochtitlán, hasta la introducción de la energía eléctrica, trascurrieron doscientos cincuenta años sumidos en la oscuridad. La propia electricidad trajo al modo de hablar y decir nuevas palabras de uso común. Finalmente, sabemos que un dos de abril de 1889 Porfirio Díaz iluminó sus oficinas con una bombilla eléctrica. Esta es otra de las líneas transversales y constantes que cruzan el libro: hechos acaecidos en algún día y año del mes de abril.

El día en que la ciudad ardió de sed nos narra que, el 19 de noviembre de 1922, la ciudad de México, de 615 mil habitantes, amaneció sin agua. El sistema de agua potable del Distrito Federal databa del año de 1903. En El Universal, que le dio puntual seguimiento al problema, se dijo que fallaron las bombas de La Condesa. El agua en aquel entonces era traída a la ciudad mediante los acueductos desde Xochimilco. La población requería con urgencia del vital líquido para sus necesidades más elementales. Llegó a tal punto su desesperación, que los defeños viajaban hasta los pueblos de San Rafael y Santa María para proveerse del vital líquido, debido a que en esos lugares había pozos artesianos.

La población comenzó a cuestionar el cobro del agua a los funcionarios del ayuntamiento, y también presionaba al gobierno de Álvaro Obregón. El presidente municipal Miguel Alonzo Romero declaraba que se trabajaba en su reparación, pero los periódicos comenzaron a decir que dicho desabasto se debía a varias razones, y entre las piedras arrojadas estaban el descuido, la negligencia y la corrupción.

 Para el alcalde de la ciudad fue la peor, y hoy sabemos definitiva, tormenta de su carrera política. Todo este lío se desarrolló en el contexto de nuevas elecciones locales. Aun cuando el alcalde confió en que el presidente los sacaría del atolladero, aquel apoyaba a otro candidato de otro partido contrario a Alonzo Romero. Los desmanes públicos no se hicieron esperar; el martes 28, las oficinas del ayuntamiento fueron quemadas.

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Aquí abrimos un paréntesis para adentrarnos a un tema que nos atañe por su localidad. Miguel Alonzo Romero fue uno de los cuatro diputados constituyentes que aportó Yucatán para participar en la Convención de Querétaro, y que sancionaron la Constitución de 1917. Alonzo Romero, por las circunstancias antes descritas, truncó su vida política, en el caso de que su ambición hubiera sido continuar, y suponemos que lo fue.

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Llegó al igual que Héctor Victoria, Enrique Recio, además de Antonio Ancona Albertos, al Congreso Constituyente. Observando detenidamente la trascendencia histórica de sus vidas, los cuatro tuvieron carreras políticas hasta cierto punto truncas, y en otros casos malogradas. Alonzo Romero incluso fue enemigo personal de Carrillo Puerto, como el propio líder cita en una carta dirigida a Plutarco Elías Calles el 21 de junio de 1922; luego perteneció al servicio diplomático, siendo ministro plenipotenciario en Japón, China y Venezuela en los años 1929 hasta 1937. Posteriormente, continuó ejerciendo su profesión de médico, escribiendo en periódicos y desarrollando una labor de investigación que cuajó en libros, hasta su fallecimiento en 1954.

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Enrique Recio fue gobernador interino, en información compilada, hasta en tres ocasiones: la primera en 1919, del 12 de noviembre al 31 de diciembre; dos ocasiones en el período de Carlos Castro Morales, del 1 de febrero de 1918 al 31 de enero de 1922.

En un medio local, Roldán Peniche Barrera citó como aspecto insólito aquel período gubernamental de Castro Morales, que se debió a la inestabilidad política imperante. En aquellos cuatro años hubo doce interinatos. Peniche Barrera sustenta su afirmación y ofrece el dato para aquellos que quieran verificar el libro “Leyes y decretos. Gobernadores de Yucatán y algunos hechos históricos”, de Augusto L. Peón Acevedo (2006).

Antonio Ancona Albertos, además de diputado constituyente, fue senador y gobernador del territorio de Quintana Roo. Ejerció el periodismo con el seudónimo de Mónico Neck.

Héctor Victoria es el que tuvo mayor participación en el Congreso, porque ayudó a redactar el Artículo 123 que hace referencia a los derechos de los trabajadores; posteriormente fue consejero de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán, hasta su fallecimiento el 31 de diciembre de 1926.

Este tema da para abundar mucho más, dado que Carlos Castro Morales fue el primer presidente del Partido Socialista de Yucatán y se le tenía como un obrero combativo surgido de las filas ferrocarrileras, aunque también se cita que su candidatura pudo ser maniobra de Salvador Alvarado para ganar tiempo y el sonorense se hiciera elegir gobernador, cumpliendo con el requisito de la residencia.

Paoli Bolio, en El Socialismo olvidado de Yucatán, dice que Castro Morales tuvo escasa habilidad política y falta de carisma para manejar los asuntos del estado. Consideremos también que el gobierno fue un cuatrienio no menos complicado, pues concluía un gobierno militar y se pasaba a otro de carácter civil, además de la efervescencia política con el surgimiento y consolidación del Partido Socialista del Sureste, bajo la conducción de Carrillo Puerto. Por lo tanto, la lucha frontal entre liberales y socialistas y la intromisión del Presidente Carranza –primero para neutralizar la fuerza socialista en la entidad, y luego para imponer candidato, incluso empleando el ímpetu militar– se pueden considerar las causas de la inestabilidad política de aquellos años. Cuestiones de interpretación. Habrá que cotejar y contrastar otros documentos para tener una visión más objetiva de aquel tiempo.

Retomando el tema de esta nota, Amanecer en la ciudad maldita es otra crónica intensa en la cual se recrea y analiza la principal nota roja de aquellos años: El crimen de Félix Tito Basurto por su sobrino Luis Romero Carrasco.

El puntal seguimiento, las pesquisas que llevaron a cabo los periodistas, pues en ese entonces aún no se teorizaba acerca de lo que se conoce como contaminar el lugar del crimen: cuando se notificaba un hecho delictivo, policías, reporteros y ciudadanos por igual entraban a escena. Si se asoma a aquellas fotografías, observará en primer orden a los curiosos.

 Los reporteros de aquellos años, libreta en mano, tomaban nota de lo que también ellos percibían, y sacaban sus propias conclusiones. De ahí que esta notas estén sumamente enriquecidas por las observaciones subjetivas de las diligencias en que intervinieron aun cuando terminaran por prevalecer los hechos y las pruebas que se presentaron.

Nosotros, de esa noticia seleccionamos y nos referiremos a un personaje que fue una estrella. Cada determinado tiempo surgen estos investigadores de la policía. El detective estrella de aquellos años fue Valente Quintana, así como en los años de Calderón Hinojosa, recordemos, lo fue otro personaje: Luis Cárdenas Palomino, aquel que con la ayuda de una empresa de televisión nacional, un reportero y conductor de noticia montó un supuesto operativo en tiempo real.

Valente Quintana, estrella de la policía mexicana. Foto tomada de El debate.com

Valente Quintana, estrella de la policía mexicana. Foto de El debate.com

De ello podemos hacer un ejercicio mínimo de paralelismo, tal como en la antigüedad latina Plutarco escribió sus Vidas paralelas.

Valente Quintana, dicen las crónicas de aquellos años, se mimetizaba en el ambiente criminal de la ciudad de México para resolver sus casos, sabía dónde se reunían las bandas criminales, así como ladrones, asesinos y asaltantes. Se dice que, cuando comenzaron los robos de autos en la ciudad de México, dejó un “fordcito” estacionado en la calle principal, sabiendo que los ladrones irían por él, luego nada más siguió la huella de pintura que dejaban las llantas del vehículo y encerró a los criminales. El final de Valente Quintana se lo dejo para que recupere.

Recordemos el caso de Florence Cassez, que fue detenida el 8 de diciembre del 2005 junto con su novio, Israel Vallarta, en el rancho “Las Chinitas”. Al día siguiente de su captura, la Agencia Federal de Investigación organizó una recreación de la captura ante las cámaras de televisión, haciendo creer que en el momento de la transmisión (las siete de la mañana) se estaba realizando la detención y liberación de los secuestrados.

Luis Cárdenas Palomino, policía del régimen calderonista. Tomada de Wikipedia.

Luis Cárdenas Palomino, policía del régimen calderonista. Foto de Wikipedia.

En la imagen se aprecia que, momentos antes de que los policías de élite irrumpieran en la cabaña, un hombre con abrigo negro les abre gentilmente la puerta. Ese hombre, del que se divisa perfectamente el rostro, es Luis Cárdenas Palomino, brazo derecho de Genaro García Luna, en ese momento director de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Esta recreación fue reconocida por las autoridades meses después, y fue uno de los principales argumentos de la defensa para denunciar la fabricación de un proceso judicial contra su clienta “por motivos políticos”.  En agosto del 2009, Cárdenas Palomino recibió la condecoración de la Orden del Mérito Policial, conferida por el Gobierno Español, y la Medalla al Valor, otorgada por primera ocasión por Felipe Calderón. En noviembre del 2010 fue reconocido por la Comunidad de Policías de América como el Mejor Policía de México.

De Mauleón cita a Gabriel García Márquez, quien escribió que 1957 fue al año más famoso del mundo, entre otros sucesos por las muertes de Humphrey Bogart, Gabriela Mistral, Antonio Toscanini, el lanzamiento de la canción Rock Around The Clock por parte de Bill Halley y sus Cometas, todos ellos en los albores de aquel año. Y la trágica muerte de Pedro Infante, el 15 de abril inmediato. Narración de un dramatismo sin parangón, de aquel suceso quedan imágenes que se grabaron en la retina y ensombrecieron a una nación.

Comentábamos también al principio de esta aportación que abril, es una percepción propia, es un mes que se cruzaba a cada momento por las crónicas; el 16 de abril de 1965 movieron el Tláloc y lo desplazaron a su nuevo lugar, el Museo Nacional de Antropología e Historia. Ese día llovió a cántaros en la ciudad. Lo que son los malabares del destino y las fechas establecidas en el calendario: 57 años después, un jueves santo, el 17 de abril de 2014, García Márquez ascendió a la inmortalidad, porque en vida estuvo en la montaña donde se halla el altar de los dioses mitológicos de la literatura latinoamericanos. Dicen quienes estaban o pasaron por su casa, en la calle de Fuego en El Pedregal de San Ángel, que ese día avistaron a lo lejos una espiral de pétalos y mariposas amarillas y percibieron un aroma, un intenso olor a guayabas fermentadas, algo inusual en una ciudad gris y contaminada.

El libro de Héctor de Mauleón es un intenso y sabroso documento sobre los aconteceres en la ciudad de México. Crónicas que nos hacer revivir y soñar con épocas y tiempos idos. Además de que es un ejemplar que se complementa con otros libros y crónicas del propio autor.

La ciudad de México es un enorme libro abierto para quien quiera investigar y sacar a la luz sucesos, hechos y misterios, que ocultan calles, edificios, plazuelas y barriadas populares y en la cual los capitalinos de ayer y hoy son los protagonistas y quienes las escriben con sus pensamientos, palabras y acciones en el tiempo. Pero principalmente para quien quiera disfrutar y conocer mucho más.

Junio de 2017

Juan José Caamal Canul

Fuentes consultadas:

 

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