Al Volver de la Senda

By on noviembre 23, 2017

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XVIII

I

Me pregunto en la noche, sola, inerme,

acariciando tu recuerdo fresco,

el por qué de esta angustia que padezco

de que puedas llegar a no quererme.

¿Cómo podré vivir al desprenderme

de ti, que lo eres todo? ¡Me estremezco!

Mas la dicha por ti, llorando ofrezco,

y parece que todo llora al verme.

No plugo a Dios dotarme de belleza

ni de la gracia que al amor obliga;

¿qué puede hacer -¡tan pobre!- mi pobreza?

Rezar porque el refugio que la abriga

la halle siempre -¡oh mi amor- en tu grandeza!

¡Amor, amor, que el cielo te bendiga!

M.L.N.

Alfredo Aguilar Alfaro

Continuará la próxima semana…

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