A María

By on julio 5, 2018

Germenes_1

V

 A  MARIA

HAY un canto de amor inefable,

muy dulce, muy hondo, muy tierno y sentido;

que no expresan jamás las palabras,

que no cabe en la pompa del ritmo…

Que al mirarte, palpita en el fondo

de mi ser; y que envuelve mi espíritu

en perfumes de rosas del cielo,

en efluvios de un cáliz divino…

Que ennoblece el profundo silencio

en que se hunde tu amor con el mío,

cuando a solas los dos nos miramos

ante Dios, que es amor, por testigo…

Ese canto aletea en mi alma

como ave ideal en un nido;

ese canto sin voz es un ave

que va a un cielo que yo sólo miro,

y que luego del cielo desciende

con un blanco lucero en el pico.

Ese canto sin voz es un hada

que convierte mi lóbrego abismo

en un ara en que miro tu imagen

levantada sobre un paraíso…

Ese canto sin voz es un sueño,

un ensueño mejor, es Dios mismo

que desciende piadoso a las almas

en que hay luz y hay amor infinito…

Ese canto eres tú, que me besas

sin que toquen tus labios los míos;

ese canto dialoga en silencio

sin que llegue un rumor al oído…

Ese canto de amor es eterno

y no cabe en la pompa del ritmo…

¿Cuándo canto este amor? – ¡Cuando callo!

¿Cuándo callo este amor? – ¡Cuando escribo!

Te he rimado ternezas mil veces

y me has dicho: ¡muy bien, es divino!

Y otras mil he clavado en tus ojos

mis ojos insomnes, profundos, marchitos,

sin osar profanar con palabras

la oración de mi amor infinito.

Y al sentir la sagrada caricia

de un silencio de amor en tu espíritu;

al sentir esos versos con alas

y sin voz, mas con célicos trinos,

que con sólo mirarte esculpía

de tu alma en el cáliz dormido,

no me has dicho, extremando bondades,

no me has dicho: ¡muy bien, es divino!

Pero sí, delirando de amores,

y soñando con Dios, con Dios mismo,

sin hablar, has buscado mis brazos,

y han rozado mi frente tus rizos,

y has besado mis ojos insomnes,

y has quemado mis labios marchitos…

Seguiré modelando en mis trovas

tus carnes rosadas, de nardo y de lirio;

seguiré pregonando que te amo

en versos que tengan la pompa del ritmo;

un soneto será tu escultura,

una endecha tu reír peregrino,

una onda triunfal la nobleza

de tu alma, más pura que el alma de un niño…

Seguiré, mientras tenga una lira,

Haciéndote versos que llames “divinos”…

Pero hay algo mejor que ambiciono

más grande, más alto, más hondo, más mío:

que yo pueda decirte en silencio,

al mirarte mis ojos sombríos,

ese amor que te digo, si callo,

ese amor que te callo, si escribo;

y que tú, delirando de amores,

y soñando con Dios, con Dios mismo,

beses luego mis ojos insomnes,

quemes luego mis labios marchitos…

José Inés Novelo

Continuará la próxima semana…

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