2018: Año de Guerra Política

By on enero 18, 2018

Editorial

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Apenas vamos en la medianía del primer mes de este 2018, bienvenido en nuestros saludos de fin del año anterior cuando mencionábamos “Feliz Año Nuevo”, y ya se escucha en lontananza el sonoro rugir de los cañones políticos que estarán tronando con su estremecedora voz en cada uno de los ciento ochenta días del semestre inicial del año en curso.

La guerra electoral está declarada por todos los bandos ideológicos, políticos, económicos, sociales, religiosos, electorales, etc. Cada uno de ellos en busca de mantener o engrandecer sus espacios de poder y/o confort, los cuales consideran esenciales para mantenerse vivos y presentes en el ambiente mexicano.

Se valen de todo: alianzas inesperadas entre facciones enemigas ideológicas de origen, acuerdos de mutua convivencia, sistemas ya probados de cohecho a los ciudadanos, regalos grandes y costosas campañas en medios de comunicación en las cuales los aspirantes compiten en sonrisas, imágenes, declaraciones rimbombantes y más, con tal de mantenerse agradables o apetecibles al voto ciudadano.

Alianzas políticas otrora impensables entre ideologías contradictorias se han dado y firmado acuerdos electorales. Las nuevas cuotas de poder compartido afectarán la integración cameral de senadores y diputados federales, así como los porcentajes de mujeres y jóvenes que forzosamente deben incluirse por ley.

¡Ah! y la llamada guerra sucia va dándose en todos los niveles: federales, estatales y municipales, sin que escapen a ella los liderazgos políticos, gobernantes, poderes fácticos, et al.

Desde luego que esta guerra sucia, al igual que la supuestamente legal o limpia (¿acaso hay guerras así?), va costando millonadas de devaluados pesos por la compra de conciencias, igualas y compra de espacios a medios de comunicación. Son gastos ejercidos como obra negra necesaria para la construcción de resultados finales. Son cantidades industriales de recursos económicos que no pueden justificar su origen prístino, pero que habrán de circular en los medios informativos o en las erogaciones de los llamados “gastos de campaña”, en derroche extremo, ofensivo.

En tanto, la miseria deambula por todo el país. La pobreza atosiga a los humildes, a los desempleados, los pobres y enfermos, sin esperanza o un bocado para llevarse a la boca de manera continua.

En esos territorios acosados por el dolor y la injusticia social, muchos millones de mexicanos, despojados de sus tierras, ligados a empleos miserables, marginados por su ignorancia proveniente de la falta histórica de oportunidades de mejorar, sin acceso a sistemas de salud, de educación, de seguridad social, continuarán sus vidas dolorosas, tristes, sin esperanza, alejados de las atenciones y la justicia social a que tienen derecho.

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